La extraña costumbre de llenar cada hueco del día

Hay algo que se ha vuelto muy común sin que apenas lo notemos:
no dejar huecos vacíos en el día.

Si hay un rato libre, se rellena.
Si hay una pausa, se ocupa.
Si aparece un momento sin nada concreto que hacer, enseguida surge algo para cubrirlo.

Y lo curioso es que ya no lo vivimos como una elección, sino como algo automático.

La extraña costumbre de llenar cada hueco del día

Cuando tener un hueco libre empieza a incomodar

Hace tiempo, los huecos eran normales.
Momentos entre una cosa y otra en los que no pasaba nada especial.

Hoy, en cambio, esos espacios suelen generar una ligera incomodidad.
No porque sean malos, sino porque no estamos acostumbrados a que no ocurra nada.

Un hueco sin actividad se percibe casi como:

  • tiempo desaprovechado
  • pausa innecesaria
  • algo que habría que “aprovechar mejor”

Y así, sin pensarlo mucho, se rellena.


Por qué llenamos el día incluso sin necesitarlo

No siempre llenamos los huecos porque haga falta.

Muchas veces lo hacemos por inercia:

  • mirar algo “un momento”
  • adelantar una pequeña tarea
  • responder mensajes
  • consumir contenido sin un objetivo claro

No es planificación.
Es respuesta automática al vacío.

Y cuanto más se repite, más normal se vuelve.


El día como una sucesión de bloques sin espacio entre ellos

Poco a poco, el día deja de tener pausas claras.

No hay:

  • antes y después
  • inicio y cierre
  • transiciones reales

Todo se encadena.

Una cosa lleva a otra, y otra a otra, sin que haya un espacio intermedio para parar, asimilar o simplemente no hacer nada.

Eso hace que el día se sienta más lleno de lo que realmente está.


Llenar huecos no siempre significa aprovechar el tiempo

Aquí hay una confusión bastante común.

Ocupar cada minuto no equivale a usarlo mejor.

De hecho, cuando todo el tiempo está ocupado:

  • cuesta notar qué es importante
  • se pierde perspectiva
  • el día se vuelve más plano

No porque se haga poco, sino porque no hay contraste entre actividad y pausa.


Por qué esta costumbre cansa más de lo que parece

Los huecos no son tiempo perdido.
Son espacios de ajuste.

Cuando desaparecen:

  • la atención no se relaja
  • la sensación de día continuo aumenta
  • el cansancio se acumula sin notarse al principio

No es un cansancio intenso, sino constante.
Ese que aparece al final del día sin una causa clara.


Cuando rellenar el día se vuelve automático

Lo más llamativo es que muchas veces ni siquiera somos conscientes de que estamos llenando cada hueco.

Simplemente ocurre.

Un momento libre ya no se vive como algo neutral, sino como algo que hay que ocupar con algo, aunque ese algo no aporte nada especial.

Y así, el día se va cerrando sin espacios en blanco.


Entender esta costumbre cambia cómo vemos el tiempo

Darse cuenta de que llenamos cada hueco no implica dejar de hacerlo de golpe.

Pero sí ayuda a entender por qué:

  • el día parece más corto
  • el cansancio aparece antes
  • la sensación de saturación es tan común

No es que falte tiempo.
Es que ya casi no dejamos huecos dentro de él.

Y solo entender eso ya cambia la forma de mirar el día a día.

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